¿Alguna vez te has preguntado cuánto tienes que dormir para recuperarte por completo? Para responder, antes hay que entender por qué el cuerpo nos pide dormir.
Las moscas también duermen
Por si a alguien le quedaba alguna duda, las moscas duermen. Y aunque su fisiología dista mucho de la humana, hoy vamos a aprender de ellas.
En julio de 2025, el equipo de Gero Miesenböck en la Universidad de Oxford publicó en Nature el estudio «Mitochondrial origins of the pressure to sleep». Trabajaron con la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), uno de los modelos más utilizados en la investigación del sueño.
«7 horas son suficientes»… ¿seguro?
«7 horas son suficientes», hasta que empiezas a dormir más (y, ojalá, mejor) y te das cuenta de que no.
El aumento del estrés oxidativo, el envejecimiento y la falta de energía juegan en tu contra si el sueño es insuficiente.
El estudio no mide horas de sueño en personas, pero sí ayuda a entender qué ocurre dentro de las neuronas cuando alargamos el tiempo despiertos, y por qué ese proceso tiene que ver con la energía.
Las mitocondrias, en el centro
Las mitocondrias están en todo, y en este tema no iba a ser menos. Son los orgánulos que producen la mayor parte de la energía de la célula en forma de ATP. Lo hacen gracias a la cadena respiratoria, una serie de proteínas situadas en su membrana interna, plegada en crestas, por la que circulan electrones.
Importante: lo que se ha demostrado en este artículo no tiene por qué ser lo que ocurra en humanos, aunque es muy probable que algo parecido pueda plantearse en estudios con personas.
Qué hizo el experimento
El experimento comparó dos grupos de moscas: unas privadas de sueño y otras descansadas. Se centraron en un grupo de neuronas que inducen el sueño (las que proyectan al llamado cuerpo en abanico dorsal) y analizaron, célula a célula, qué genes se activaban en cada caso.
En las moscas privadas de sueño, los genes que más aumentaban en esas neuronas estaban relacionados con la respiración mitocondrial y la síntesis de ATP. Y lo hacían solo en ellas, no en el resto del cerebro.
Vieron un desequilibrio en el metabolismo mitocondrial, sobre todo en el flujo de electrones de la cadena respiratoria. Mientras la mosca se mantenía despierta a la fuerza, esas neuronas gastaban menos ATP, el ATP se acumulaba y la cadena empezaba a «perder» electrones. Las mitocondrias, además, se fragmentaban. Tras dormir para recuperarse, esos cambios revertían.
Al manipular este sistema el efecto sobre el sueño cambiaba: aliviar el exceso de electrones reducía la presión por dormir, y forzar el desajuste entre electrones y consumo de ATP la aumentaba.
Este desbalance energético parece ser la señal que genera la presión por dormir.
La forma más sencilla de entender este estudio es con una analogía.
Una analogía: el motor que nunca se apaga
Imagina que tu cerebro funciona como un motor eléctrico que está encendido todo el día.
Mientras estás despierto, ese motor no para. Las mitocondrias producen energía constantemente y los electrones circulan para que todo funcione.
Pero ese proceso no es perfecto. Siempre hay pequeñas fugas, pequeños desajustes en el sistema.
Al principio no pasa nada, pero cuando alargas demasiado el tiempo despierto, aparece un problema: el sistema energético se descompensa. El flujo deja de ser estable y se acumulan desequilibrios en ese movimiento de electrones dentro de la mitocondria.
Y aquí está la clave
El cuerpo detecta ese desbalance y genera una señal: la presión por dormir. Los investigadores describen esas neuronas como un sensor que, al superar cierto umbral, pone en marcha el sueño.
Dormir no es simplemente descansar. Es apagar el sistema para que ese flujo energético vuelva a estabilizarse y reorganizar lo que se ha desajustado mientras estabas despierto.
Los autores van un paso más allá: sugieren que el sueño, igual que el envejecimiento, podría ser una consecuencia inevitable de obtener energía a partir del oxígeno.
“No dormimos solo porque estemos cansados. Dormimos porque nuestro sistema energético pierde equilibrio y necesita resetearse.”
La idea central del estudio, en una frase · Sarnataro et al. (2025), Nature
Entonces, ¿cuánto hay que dormir?
El estudio no da una cifra de horas, y en moscas no podría darla. Lo que sí deja claro es que el sueño no es tiempo perdido: es el momento en el que el sistema energético recupera el equilibrio.
Si entrenas para deportes de resistencia, trata el sueño como una parte más de tu planificación:
- Horarios regulares para acostarte y levantarte
- Tiempo suficiente en la cama para despertarte sin sensación de déficit
- Atención a las señales de cansancio acumulado
- Más margen de descanso en los bloques de mayor carga
Fuentes
- Sarnataro, R., Velasco, C. D., Monaco, N., Kempf, A. y Miesenböck, G. (2025). Mitochondrial origins of the pressure to sleep. Nature, 645, 722–728. doi.org/10.1038/s41586-025-09261-y
- Universidad de Oxford (2025). Why do we need sleep? Oxford researchers find answer may lie in mitochondria. ox.ac.uk
